Alcazaba


Recinto militar fortificado. Es la parte más antigua de la Alhambra. Las primeras construcciones árabes datan de la época califal, posiblemente sobre restos de una fortificación romana. En el s XI, los ziríes amplían el recinto, al convertirse Granada en la capital de uno de los reinos de Taifas, aun así, las construcciones principales datan de la época nazarí, s. XIII al XV; en el recinto se encuentran también algunos añadidos cristianos, como la redonda Torre del Cubo. En esta zona está la famosa Torre de la Vela, torre vigía desde donde se contempla una vista inigualable de la ciudad, la Vega y la Sierra Nevada. Las casas de los soldados han desaparecido, y las mazmorras están cerradas, pero se puede caminar por algunas torres, adarves y caminos de ronda.


Jardines de los Adarves

Se encuentran a la entrada de la Alcazaba. Se denominan así por estar situados en el adarve bajo de la fortaleza y es uno de los lugares desde los que se puede admirar uno de los más bellos paisajes de la ciudad. No en vano, en el extremo occidental del jardín, hay un mirador de donde arranca la muralla que se une a las Torres Bermejas, muralla en la que se han colocado los famosos versos del poeta Francisco A. de Icaza que dicen: 'Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada'.




Plaza de Armas

Constituía la entrada original a la Alcazaba. Estaba compuesta por un conjunto de construcciones en las que se realizaban distintos servicios a los habitantes de la fortaleza. A la derecha existe un gran aljibe de dos naves, que debía ser cisterna de agua de lluvia, pero que a partir del siglo XVII empezó a recibir agua de la acequia de la Alhambra. Cerca del aljibe, a la izquierda de la puerta de la Alcazaba, hay un baño. En el centro de la plaza y parte del muro encontramos los cimientos de varias casas árabes, donde vivía la población civil encargada de cubrir las necesidades de los dignatarios y militares que allí se encontraban. También podemos encontrar, como no, una gran mazmorra casi al pie de la Torre Quebrada.

Palacio de los Leones



Es aquí donde el rey hacía su vida privada y familiar. Se comenzó a construir en 1377 por Muhammad V, hijo de Yusuf I. En este palacio el arte nazarí alcanza su máximo esplendor, en el que se alcanza una belleza de una sensibilidad y armonía incomparables, donde la luz, el agua, el colorido, la decoración exquisita, convierte a este palacio en una maravilloso placer para los sentidos, en el que se deja atrás el periodo anterior de decoraciones más abstractas y geométricas para dar paso a un estilo más naturalista, sin duda influjo de lo cristiano, acrecentado por la amistad que mantuvieron Mohamed V y Pedro I, el Cruel, por aquel entonces monarca cristiano. El palacio está compuesto por un patio central (Patio de los Leones), rodeado de galerías de columnas a modo de claustro cristiano, que permite el acceso a distintas salas: al oeste la de los Mocárabes, al este la de los Reyes, al norte la de Dos Hermanas, Ajimeces y Mirador de Daraxa y al sur la de los Abencerrajes y el Harén.


Patio de los Leones

Tiene 124 columnas de mármol que rodean todo el patio y que simbolizan un bosque de palmeras. En el centro, la fuente de los Leones. La teoría más convincente es que representa a los 12 leones que sostienen el mar o las 12 tribus de Israel (todos los leones llevan un triángulo equilátero en su frente que representa a las dos tribus elegidas Judá y Leví). La fuente, del siglo XI, es anterior al palacio y estuvo en la casa del visir judío Negrela que la regaló al rey. Otros opinan que los leones representan los signos del zodiaco, los meses del año o son la materialización de las lágrimas de una princesa que cayeron al patio.


Palacio de Comares


El Palacio de Comares constituía la residencia oficial del monarca. Yusuf I quiso que la decoración de su residencia oficial dejara maravillado al visitante, por lo que ordenó que se construyera y adornara de manera exquisita, aunque probablemente no viese terminada esta obra, ya que diversas inscripciones atribuyen su autoría a su hijo Mohamed V, que terminó su obra, el cual además, construyó una fachada a lado sur del Patio del Cuarto Dorado. Todo el muro está decorado con bellísimos adornos y numerosas inscripciones, que rezan el lema «Sólo Dios es vencedor». En el friso de madera labrada podemos leer uno de los poemas que Ibn Zamrak dejó tatuados en el palacio nazarí. El Palacio comprende los siguientes sitios:


Patio de los Arrayanes


Situado en el centro del palacio y de planta rectangular. Su gran estanque central se convierte en un gran espejo. El nombre del patio se debe a los arrayanes (mirtos) que tiene dispuestos ambos lados del estanque. Al norte, la Torre de Comares a la que se llega a través de la Sala de la Barca.




Sala de la Barca

Es la antecámara del salón real (Salón de Embajadores). Su techo tiene forma de barca invertida y es posible que de ahí le venga el nombre. También puede deberse a la transcripción de "baraka" (=bendición en árabe) y que se encuentra en la sala. Hay poemas en los paredes que cantan las alabanzas de un Sultán muerto. Un fuego destruyó mucho de esta parte en 1890 y una bóveda de madera reemplazó el techo.




Torre de Comares

Es la mayor de las torres existentes en la Alhambra, con una altura de 45 metros. Su nombre se debe a las vidrieras de colores de los balcones que iluminan la gran sala que ocupa el interior de la torre, denominadas «comarías». En el interior se encuentra el Salón de los Embajadores. Se dice que en esta torre se celebró el Consejo en el que se acordó entregar Granada a los Reyes Católicos. Cuentan que desde uno de sus balcones, la madre de Boabdil, al saber que su hijo estaba negociando con los cristianos la rendición, le dijo: «Mira lo que entregas y acuérdate de que todos tus antepasados murieron reyes de Granada y el reino muere en tí». También dice la leyenda que fue aquí donde Cristóbal Colón convence a los Reyes Católicos de su expedición a las Indias por Occidente que le llevó al descubrimiento de América el 12 de Octubre de 1492, y donde la reina Isabel le ofrece a Colón sus joyas para financiar el viaje.




Salón de Embajadores

Esta es la sala más majestuosa de palacio, donde se encontraba el trono y se realizaban las recepciones oficiales. Está lleno de poemas, alabanzas a Dios, al emir, el lema de los nazaríes o textos del Corán.


El Mexuar y el Oratorio



El Mexuar era la sala de recepción pública del castillo, dónde el Sultán y sus visires atendían a las peticiones de los súbditos. Cuando el rey no se encontraba en palacio era el Cadí, en la sala adjunta, el que oía a los negociantes. En su puerta, un azulejo de la pared reza: «Entra y pide. No temas de pedir justicia que hallarla has». Posteriormente, alrededor de 1632, estas salas se convirtieron en capilla cristiana, y se construyó un coro.

El Oratorio está situado en el fondo. Fue restaurado en 1917, ya que se encontraba en un pésimo estado debido a la explosión en 1590 de un polvorín en el valle del Darro. La pared frontal presenta cuatro balconcillos, con arcos gemelos y pequeñas ventanas. El mihrab, muy decorado, tiene arco de herradura adovelado, y presenta varias inscripciones que hacen referencia a preceptos del Corán, así como elogios a Mohamed V.


La Alhambra. Introducción

La Alhambra, denominada así por sus muros de color rojizo («qa'lat al-Hamra'», Castillo Rojo), está situada en lo alto de la colina de al-Sabika, en la margen izquierda del río Darro, al este de la ciudad, frente a los barrios del Albaicín y de la Alcazaba.

Su posición estratégica, desde la que se domina toda la ciudad y la vega granadina, hace pensar que existían construcciones anteriores a la llegada de los musulmanes. Su conjunto, completamente amurallado, posee una forma irregular limitado al norte por el valle del Darro, al sur por el de la al-Sabika, y al este por la Cuesta del Rey Chico, que a su vez la separan del Albaicín y del Generalife, situado en el cerro del Sol.

Se tiene constancia por primera vez de ella en el siglo IX, cuando en 889 Sawwar ben Hamdun tuvo que refugiarse en la Alcazaba y repararla debido a las luchas civiles que azotaban por entonces al Califato cordobés, al que pertenecía Granada. Posteriormente, este recinto empezó a ensancharse y a poblarse, aunque no hasta lo que sería con posterioridad, ya que los primeros monarcas ziríes fijaron su residencia en lo que posteriormente sería el Albaicín.
A pesar de la incorporación del castillo de la Alhambra al recinto amurallado de la ciudad en el siglo XI, lo que la convirtió en una fortaleza militar desde la que se dominaba toda la ciudad, no sería hasta el siglo XIII con la llegada del primer monarca nazarí, Mohamed ben Al-Hamar (Mohamed I, 1238-1273) cuando se fijaría la residencia real en La Alhambra. Este hecho marcó el inicio de su época de mayor esplendor.

Primero se reforzó la parte antigua de la Alcazaba, y se construyó la Torre de la Vela y del Homenaje, se subío agua del río Darro, se edificaron almacenes, depósitos y comenzó la construcción del palacio y del recinto amurallado que continuaron Mohamed II (1273-1302) y Mohamed III (1302-1309), al que también se le atribuyen un baño público y la Mezquita sobre la que se construyó la actual iglesia de Santa María.

A Yúsuf I (1333-1353) y Mohamed V (1353-1391) les debemos la inmensa mayoría de las construcciones de la Alhambra que han llegado a nuestra época. Desde la reforma de la Alcazaba y los palacios, pasando por la ampliación del recinto amurallado, la Puerta de la Justicia, la ampliación y decoración de las torres, construcción de los Baños y el Cuarto de Comares, la Sala de la Barca, hasta el Patio de los Leones y sus dependencias anexas. De los reyes nazaríes posteriores no se conserva prácticamente nada.

De la época de los Reyes Católicos hasta nuestros días podemos destacar la demolición de parte del conjunto arquitectónico por parte de Carlos V para construir el palacio que lleva su nombre, la construcción de las habitaciones del emperador y el Peinador de la Reina y el abandono de la conservación de la Alhambra a partir del siglo XVIII. Durante la dominación francesa fue volada parte de la fortaleza y hasta el siglo XIX no comenzó su reparación, restauración y conservación que se mantiene hasta la actualidad.

Aljibe de Trillo


Los aljibes son depósitos subterraneos, con paredes de buenos morteros hidráulicos para hacerlas impermeables, que tiene por objeto recibir y guardar el agua de llovediza o la de fuente o río que en él se eche para el consumo de las casas, edificios o fortalezas. Recogidas las aguas y llevadas por cañerías a un primer receptáculo, llamado cisternilla, dejan allí el cieno y suciedades que puedan contener pasando luego a otra cavidad más grande cerrada por una bóveda que es el aljibe propiamente dicho. El Albayzín cuenta con numerosos aljibes de los que se abastecía la gente del barrio, el más conocido es el aljibe del Trillo cuyo nombre proviene de un vecino qie vivió allí en el s. XVI. Este aljibe consta de dos arcos apuntados, uno exterior y otro en su parte interior más pequeño que está clausurado y es por donde se extraía el agua. Otros aljibes situados en el Albayzín son los de San Nicolás, San Miguel, San José, San Bartolomé, san Cristobal, Plaza del salvador, Plaza del Abad, Aljibe de Trillo y el Aljibe del rey o Al-Quadim(s.XI).

Convento de las Tomasas


El convento de Santo Tomás de Vilanueva es más conocido como "el de las Tomasas" y está situado en el carril del mismo nombre. Fue fundado por la beata granadina Antonia de jesús, quien, en vista de las numerosas seguidoras que tenía, y aconsejada por su confesor (un religioso agustino), decidió en 1630, situar un beatorio en el Albayzín frente al convento de Agustinos Descalzos.

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